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La violencia desocupó veredas enteras en Cáceres

Llegar a un caserío de clima cálido en Colombia suele ser sinónimo de un sitio alegre, con mucha vida: en las casas se escucha música a todo volumen, por lo general, vallenato. Las personas hablan con desparpajo en un tono más alto de lo usual y, por las carreteras, normalmente hechas con gravilla, circulan motos, bicicletas y los chiveros de transporte público. Este panorama cambió radicalmente desde el pasado viernes en las veredas Campanario, Ponciano, Buenos Aires Veracruz, Tamaná y El Tigre del municipio de Cáceres, Bajo Cauca antioqueño. Son más de 400 habitantes de esas veredas las que tuvieron que abandonar sus hogares por la presencia de grupos armados ilegales, los cuales se están disputando el territorio a sangre y fuego. En las poblaciones los parlantes están apagados, no hay vehículos que levanten polvo en las vías y solo se ven perros, gatos, gallinas y marranos sin dueño y sin alimentos. EL COLOMBIANO visitó Tamaná y El Tigre, allí el panorama recuerda épocas más grises que vivió el país cuando la guerra entre grupos guerrilleros y paramilitares desterraron a miles de familias. En esas veredas prácticamente espantan, solo se escuchan los animales domésticos que están esperando a sus dueños. Las puertas están con candados y las sillas de los negocios se encuentran sobre las mesas. No esperan a nadie. A diferencia de otros desplazamientos históricos ocurridos en el país, en esta parte de Cáceres las fachadas de las casas no tienen marcas o letreros pintados por los integrantes de los grupos armados ilegales. Eso hace parte de la zozobra. “Es que no sabemos quiénes son, no se identificaron, no tienen marcas. Solo los vimos varias veces por ahí armados, vestidos de camuflados, eran unos 30 hombres”, narra Florencia Valencia*, una de las mujeres que habita en El Tigre quien se atrevió a “pasar un momentico para alimentar a los animales”, para luego volver al refugio donde se encuentran los demás desplazados. “Toca arriesgarse y venir a darle vuelta a los animalitos, darles de comer, nos vamos rotando y hoy me tocó venir a mí”, agrega esta señora mientras es rodeada por todo tipo de animales que desesperados pelean por la comida. Caminando sin prisa y ligera de equipaje, *Lorena va con sus dos hijos para Cáceres, este diario la encontró en medio de las veredas El Tigre y Tamaná. “Yo no me fui desplazada, a mi casa no llegó nadie a decirme que me tenía que ir, incluso los vecinos de mi vereda (Ponciano) se quedaron y todo ha estado bien. En este momento voy para donde el papá de ellos (sus hijos)”, explica mientras le brinda agua a sus niños que lucen agotados por las altas temperaturas. Y es que el testimonio de varias personas desplazadas coincide en que no hubo amenazas directas, pero la información sobre los combates y la orden de desalojar se regó por toda la región, fue como una avalancha de miedo que al final generó el éxodo masivo. Lo que sí fue un común denominador es que los pobladores escucharon los disparos de los combates entre ilegales que tuvieron un primer episodio la semana pasada, el viernes, otro más el domingo, lo que fue suficiente para pensar en salvar sus vidas e irse al casco urbano del municipio. En la zona se encuentra el Ejército, EL COLOMBIANO vio cómo los soldados del Batallón de Operaciones Terrestres 24 de la Séptima División del Ejército están brindando seguridad. “No es posible que esto ocurra a estas alturas, igual nosotros estamos acá y vamos a perseguir a esos bandidos, estamos avanzando”, dijo uno de los soldados. A pesar de esto, en Cáceres, específicamente en la sede de la Asociación de Indígenas del Cauca, AIC, donde se encuentran la mayor parte de los desplazados, varios líderes (campesinos e indígenas) expresaron que aunque el Ejército diga que todo está normal, “no se ha tomado la decisión de regresar, puede que eso convenza a algunas familias y decidan retornar, pero nosotros estamos pidiendo que encuentren a esos grupos que alteran nuestra paz. Ellos siguen y dígame señor periodista, ¿cuándo estemos en las casas y vuelvan los que nos hicieron salir qué va a pasar?”, alega uno de ellos, quien cree que un organismo internacional de derechos humanos puede ayudar a remediar la situación. El albergue está lleno de familias, muchos niños y mujeres embarazadas, allí las diferentes instituciones de los gobiernos departamental y nacional están atendiendo la emergencia, los menores tienen al ICBF y los adultos se han beneficiado con las jornadas de salud. “Es necesario pensar en un programa de retorno con garantías o, en el peor de los casos, en una reubicación, porque por la cantidad de personas en el albergue está empezando a colapsar el sistema de alcantarillado, entre otras cosas”, afirmó Richard Sierra, consejero de Relaciones Políticas y y Justicia Propia de la Organización Indígena de Antioquia. Por su parte, el alcalde de Cáceres, José Berrío, confía que en los próximos días se logre concretar el regreso de las familias a las distintas veredas. Sin embargo envió un llamado de atención al Gobierno Nacional para que el miedo no se apropie de los campesinos, para que no se vuelva a repetir, “necesitamos que los soldados sigan en el territorio, que sigan prestando seguridad, no es posible que en esta época, cuando deberíamos estar hablando de cómo pasar la página del conflicto, estemos atendiendo un desplazamiento masivo, no pueden descuidar la región”. *Nombre cambiado por seguridad de las personas.

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